La suerte del escritor (Canto a la hospitalidad de los lectores del Casino de Murcia)

“Es curiosa la suerte del escritor. Al principio es barroco, vanidosamente barroco, y al cabo de los años puede lograr, si son favorables los astros, no la sencillez, que no es nada, si no la modesta y secreta complejidad” Jorge Luis Borges

Sin quitarle la razón a Borges, anoche comprobé que una gran suerte para cualquier escritor es poder compartir la ilusión de escribir con los lectores. Y eso me ocurrió en el Real Casino de Murcia, donde tuve ocasión de compartir los entresijos de ‘Amarás América’ con los miembros de los dos clubes de lectura de esta institución cultural murciana. Fue en un escenario muy especial, la Biblioteca Inglesa, abrigado por 20.000 volúmenes y esos flamencos de hierro que sustentan las tribunas superiores. Es un lugar muy apropiado para hablar de viajes y odiseas, como las que protagonizan cada año de un hemisferio a otro esas aves migratorias que anoche estaban incluso nostálgicas por tantos recuerdos de México, Brasil y Bolivia, los tres países que descubrí en aquellos tres veranos en los que empecé a saber de «la venganza de la geografía», de cómo los mapas han condicionado el destino de las naciones. Siempre quise volver a América, desde aquel viaje iniciático que realicé en agosto de 2004, pero debía hacerlo con más tiempo.

Esa era mi ilusión, y ese fue mi proyecto durante los años venideros. Primero México (2005), después Brasil (2006) y luego Bolivia (2008). ‘Amarás América’, tal y como conté ayer a los lectores del Real Casino de Murcia, es un libro basado en las experiencias que viví como voluntario y cooperante en proyectos sociales de tres organizaciones sociales: Dinamismo Juvenil, dedicada a la prevención de la violencia y del delito en las colonias periféricas de la Ciudad de México; IDEAIS (Instituto de Desarrollo, Estudios y Acciones Sociales), que tiene su sede en Volta Redonda, en el estado de Río de Janeiro (Brasil), un referente nacional en el tratamiento y prevención de adicciones en niños y jóvenes, y la Fundación Machaqa Amawt’a, institución consagrada en Bolivia a la recuperación y el fortalecimiento de los saberes indígenas, principalmente de la etnia aimara (una de las 36 nacionalidades reconocidas por el Estado plurinacional que preside Evo Morales).

Fueron tres veranos inolvidables, y gracias a ellos, y a su recuerdo, surgió este libro, como les conté a los lectores del Casino, que concebí a lo largo de varios años como un homenaje a todos ellos, y como una reivindicación del periodismo más puro, que consiste en ir a los sitios, hablar con la gente y contar todo lo que pude ver, aprender, descubrir e investigar. Mi ilusión era que el mundo conociera sus historias, que la lectura y el conocimiento de esas personas tuviera un efecto multiplicador. Si lo he conseguido, esa será mi compensación, así que agradezco nuevamente a todos los que se interesan por este libro cuyo espíritu no es otro que profundizar en el conocimiento de otras culturas. La charla con los lectores fue guiada por Consuelo Mengual, que es la coordinadora de los clubes de lectura del Casino, y hablamos de muchas curiosidades y anécdotas del libro. Consuelo, y también su hermana y su madre, son avispadas lectoras, como ya pude comprobar en un encuentro previo, en el que me sorprendió el conocimiento de ‘Amarás América’. Puedo decir que hasta recordaba mejor algunos pasajes del libro que yo, algo que me dejó bien sorprendido. Consuelo me preguntó esta vez por la dedicatoria («A los que me dieron la mano en el camino»), por el título de mi columna de los sábados en La Verdad (‘La Vereda del Capitán’, que es un camino de la huerta de Murcia donde está la casa de mi familia), por el arranque misterioso de ‘El abismo chilango’, la parte del libro que dedico a México, donde narro mis experiencias en una casa de santería del Cerro de la Cruz, en la capital mexicana, y también mis andanzas con los chavos de La Pastora durante el curso de verano en ‘La Kasa de los líos’. También hablé de la carioca Ilka Lomonaco, mi profesora de portugués, que nos acompañó en la velada y comentó que su aparición en ‘Amarás América’ ha sido una de las sorpresas más bonitas que se ha llevado en sus 17 años en España, y de algunas de las historias de los chicos que estaban en tratamiento por sus adicciones al alcohol y las drogas en GAIA, un centro rehabilitador de Volta Redonda donde el mayor alivio siempre era encontrar una mano amiga para salir del infierno de la dependencia química. Y, cómo no, les hablé del mundo indígena en el Altiplano andino, de esas dos bolivias imaginarias que percibí en aquel año en que estaba recién a punto a aprobarse la Constitución de Evo Morales que empoderaba al indígena tras décadas de opresión y discriminación; de la naturaleza desbordante de ese país y de la bondad de los habitantes de ‘cuellos blancos’, de sus tradiciones y su riqueza natural.

De todos esos países tengo recuerdos imborrables, y he querido con este libro, en el que reconstruyo todos los pasos dados y doy voz a todas esas personas que me guiaron por los caminos de América, que esa gente y esos lugares que no figuran en los mapas fueron los protagonistas de este libro que reivindica la cultura y la solidaridad de los americanos, por encima de todo. Gracias a todos, de nuevo, por esta oportunidad que me brindaron anoche de recordar a mis amigos americanos y de contagiar mi amor por América.

Manuel Madrid 17/12/2014

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